¿Se Puede Prevenir El Alzheimer?

La forma de entender la enfermedad ha evolucionado en los últimos años. Ahora se sabe que el Alzheimer es una enfermedad de larga duración, que empieza a producir daños en el cerebro hasta 15 o 20 años antes de que se manifiesten los primeros síntomas. Esta constatación ha abierto la puerta a investigar sobre cómo prevenir su desarrollo. 

Uno de los objetivos más importantes es diseñar estrategias de prevención que nos ayuden a retrasar o incluso frenar la aparición de los síntomas.

Lamentablemente, a fecha de hoy ninguno de los ensayos clínicos de nuevos fármacos para modificar el curso de la enfermedad en personas con Alzheimer han tenido éxito. En este contexto, expertos nacionales e internacionales apuestan por poner en marcha estudios de prevención, tanto primaria como secundaria, dirigidos a personas cognitivamente sanas. Se trata de actuar antes de que se haya producido la pérdida neuronal que conlleva la aparición de los síntomas.

Prevención secundaria: tratar el Alzheimer antes de que aparezcan sus síntomas

¿Se podrá detener el avance de la enfermedad de Alzheimer algún día? ¿Se conseguirá un fármaco que frene la aparición de los síntomas? Una de las observaciones más frustrantes de los últimos años ha sido ver cómo fracasaban todos los ensayos en Fase 3 de medicamentos novedosos desarrollados a lo largo de los últimos 15 años. Todo apunta a que el fracaso podría estar relacionado con una administración del fármaco demasiado tardía, pues el cerebro ya tendría unas lesiones probablemente irreversibles.

La investigación clínica del Alzheimer se enfrenta a una nueva perspectiva: la de una enfermedad con una fase preclínica silenciosa, que comienza décadas antes de que los primeros síntomas se manifiesten. La prevención secundaria es aquella que se dirige a modificar los procesos de la enfermedad en personas que no presentan síntomas, pero que ya están experimentando cambios cerebrales detectables mediante biomarcadores específicos.

Se trataría, pues, de intervenir en etapas previas, cuando la persona no presenta síntomas, frenando o haciendo más lento el progreso de la neurodegeneración para evitar llegar a la fase de demencia o retrasar al máximo su aparición.

Prevención primaria: reducir las posibilidades de padecer demencia

En los años cincuenta se pensaba que la arterioesclerosis y el colesterol eran consecuencias inevitables del envejecimiento. Con la aplicación de este conocimiento, la mortalidad por estas causas se ha conseguido reducir globalmente hasta un 70%.

Gracias a este estudio, hoy sabemos que no es la vejez, sino la hipertensión, la diabetes y la obesidad los factores de riesgo que aumentan las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares. También hemos comprendido que el ejercicio moderado, la dieta y no fumar son claves para su prevención.

En los últimos años se han publicado los primeros estudios que prueban la existencia de oportunidades para hacer prevención primaria en el ámbito de las demencias. Es decir, que existen un conjunto de prácticas que pueden disminuir el riesgo de presentar las causas que probablemente conducirán a alguna de ellas.

Centrándonos en cómo prevenir el Alzheimer, sabemos que lo que es bueno para el corazón, también lo es para el cerebro. Se calcula que adoptando unos hábitos de vida saludables se podrían prevenir casi uno de cada tres casos. El ejercicio físico, la actividad cognitiva, las relaciones sociales y la dieta tienen un papel muy relevante en la salud de nuestro cerebro.

Consejos para prevenir el alzheimer

·        Controlar los factores de riesgo cardiovascular: colesterol, hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo.

·        Dieta equilibrada: llevar una dieta variada y equilibrada, que incluya alimentos como aceite de oliva virgen extra, legumbres, frutos secos, fruta, verdura, pescado…

·        Ejercicio físico: caminar y mantenerse activo es fundamental. Siempre adaptando la actividad a las características de la persona.

·        Mente activa: ofrecer retos a la mente ayuda a mantener nuestra reserva cognitiva, aprender nuevas habilidades, hacer crucigramas, leer, apuntarse a talleres o cursos de su interés, manualidades, entre otras…

·        Vida social: relacionarse con otras personas nos ayuda a mantener las conexiones neuronales activas y resulta clave para nuestro bienestar.


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